martes 21 de noviembre de 2006

¡QUÉMATE!

La divulgación es ese acto de caridad acometido por el gremio científico, el cual, apiadándose de las mentes desprivilegiadas, de cuando en cuando derrama su saber en forma de pequeñas píldoras imprecisas y lo anuncian a bombo y platillo en formato de obra social. Pero no nos excedamos, ¿acaso entra dentro de las competencias de un científico titular del CSIC o de cualquier universidad difundir sus conocimientos de forma amena y accesible para todos los públicos? Pues no. Y mucho menos hacerlo a otro nivel que no sea el profesional. El conjunto de la ciudadanía paga un sueldo a las personas que se dedican a la ciencia, pero para que la hagan, no para que la difundan. Así que la situación es la siguiente: contribuyentes que sostienen una ciencia de la cual no tienen derecho a estar informados, y personas haciendo una ciencia de la cual no tienen la responsabilidad de informar. Mientras se resuelve este despropósito y como mal menor, la única solución es, como siempre, la buena voluntad humana y el deseo de obrar bien, por encima de lo deberes legales, y por debajo de las obligaciones éticas.

En este marco se desarrolla la Semana de la Ciencia y la Tecnología 2006, y los científicos del Instituto de Astrofísica de Andalucía y de la Estación Experimental del Zaidín, que son dos centros del CSIC sitos en Granada, prestan sus horas de ocio, sueño y vida familiar a la noble tarea de la difusión científica. En el Paseo del Salón podréis encontrar hasta el próximo domingo 26 de noviembre el Pabellón del Sol, una construcción prefabricada y de aspecto horrible que sin embargo encierra en su interior y en su exterior fantásticos secretos sobre nuestro Astro Rey. Un planetario, una exposición sobre el sol astronómico, el sol biológico y el sol social, y algunos telescopios y relojes solares de los que podréis disfrutar si las inoportunas nubes y la bendita lluvia no lo impiden. El pabellón abre sus puertas de 9.30 de la mañana a las 21.00. Además, esta semana se completa con una serie de conferencias que se realizan en distintos puntos de la ciudad, siempre relacionadas con el Sol. El calendario de conferencias desde hoy martes es:

Todas las actividades son gratuitas y abiertas a todos los públicos, y los monitores que encontraréis en el pabellón respoderán con gusto vuestras preguntas y seguro se excederán en explicaciones.

Y no es que el trabajo hecho con pasión merezca un especial reconocimiento, pero sí una correspondencia, así que desde ahora mismo podéis pasar por el Pabellón del Sol.

¡Cuidado al acercaros, que quema!

Más información en la web http://www.iaa.es/scyt2006/.

jueves 16 de noviembre de 2006

CÓMO HA DE LLAMARSE UN BAR


- ¿A dónde vas?
- A El Pipo´s.
- ¿Otra vez?

Tirorirori, tirorirori, ....
- ¿Dónde estás?
- En El Tropezón.
- Pues te pasas el día en el bar.

Para los que nos gustan los bares, el rechazo social hacia nuestra actitud de sociabilidad supone un paradójico problema. No está mal visto ir al bar, pero sí pasarse allí el día, y peor aún la noche. Permanecer muchas horas en un bar o visitar el mismo asiduamente es un signo patológico a los ojos de los acusadores. Con este panorama, a los amantes de la cultura del bar sólo nos quedan dos opciones: resignarnos a una constante repulsa y degradación social por nuestra insana y jovial conducta, o mentir. Pero yo he dado con una solución alternativa, que sin embargo requiere de la participación del gremio hostelero. Señores empresarios, a partir de ahora, cuando piensen en poner un bar, no lo llamen El Porrón de Oro, ni La Tasca de Marcelino. Qué bonito sería un bar llamado "El Gimnasio":
- ¿A dónde vas?
- A El Gimnasio.
- ¡Joder! Estás todo el día en el gimnasio. ¡Qué maravilla!
- No veas si me paso horas en El Gimnasio. Me conozco ya a todo el mundo que va. Hasta de madrugada estoy metido en El Gimnasio.
¿Mentimos? No. ¿Sufrimos? tampoco. ¿Sufren los demás? Mucho menos. Y no hablemos del bien financiero que le hacemos al de la tasca. Todos ganan. El problema es mitigado por completo.

Pero esto es sólo el principio. Imaginemos las posibilidades que abre un bar llamado "El Trabajo". Que te llaman al móvil:
- ¿Dónde estás?
- Pues en El Trabajo. ¿Dónde voy a estar?
- ¿Todavía?
- ¡Uff! Y tengo para largo. Me van a dar por lo menos las 6 de la mañana.
Y encima tu mujer responde:
- Pobretico, todo el día en el trabajo.
Y el teléfono de la oficina, de la fábrica o de lo que sea, si es que lo hay, pues basta con desviarlo al der bar.

Pues así con todo lo que se nos ocurra: bar "La Vega", tasca "La Obra", cafetería "La Oficina", bar de copas "El Mercadona", y una infinidad de nombres destinados también a lupanares y antros de mal vivir.

Así que ya sabéis, elegid los bares por su nombre, y si no, sugerid al gerene de vuestro local favorito una reforma nominal.

martes 14 de noviembre de 2006

UNA TESIS DOCTORAL SOBRE LA PALABRA "COJONES" (POR ARTURO PÉREZ REVERTE)


Ahora me explico las quejas de los extranjeros por sus dificultades con nuestras acepciones. Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número y acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada referencia a los atributos masculinos, cojones.

Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado. Así, uno significa caro o costoso (valía un cojón), dos significa valentía (tiene dos cojones), tres significa desprecio (me importa tres cojones), un número muy grande más par significa dificultad (lograrlo me costó mil pares de cojones).

El verbo cambia el significado. Tener indica valentía (aquella persona tiene cojones), aunque con signos exclamativos puede significar sorpresa (¡tiene cojones!); poner expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa).
También se los utiliza para apostar (me corto los cojones), o para amenazar (te corto los cojones). El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el presente indica molestia o hastío (me toca los cojones), el reflexivo significa vagancia (se tocaba los cojones), pero el imperativo significa sorpresa (tócate los cojones!).
Los prefijos y sufijos modulan su significado: a- expresa miedo (acojonado), des- significa cansancio (descojonado), -udo indica perfección (cojonudo), y -azo se refiere a la indolencia o abulia (cojonazo).

Las preposiciones matizan la expresión. De significa éxito (me salió de cojones), o cantidad (hacía un frío de cojones), por expresa voluntariedad (lo haré por cojones), hasta expresa límite de aguante (estoy hasta los cojones), con indica valor (era un hombre con cojones) y sin, cobardía (era un hombre sin cojones).
Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color V, violeta expresa frio (se me quedaron los cojones morados), la forma, cansancio (tenía los cojones cuadrados), pero el desgaste implica experiencia (tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica torpeza o vagancia (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).
La interjección ¡cojones! significa sorpresa, y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones!). En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones).

En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.
Salut collons!!!

Nota: Este artículo ha sido reproducido literalmente sin ningún tipo de autorización por parte del autor ni, en su caso, del titular de los derechos de edición, faltaría más.