sábado 22 de marzo de 2008

A TRAVÉS DEL UNIVERSO


Sí, es una canción de Lennon en su fase "soy tan artista que me echo por novia a una de La Parada de los Monstruos". Pero además de ser eso y mil cosas más, es un programa de radio hecho por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), que una vez por semana trata durante una hora de llevar todos los entresijos de la Astronomía a sus oyentes de forma amena, en clave de humor, bla bla bla. Vale, es algo que todo el mundo ha pensado alguna vez y además no es el único en su especie, pero es que éste es EL MEJOR. Lo digo en serio, he escuchado los demás. Es buenísimo. Le da cien vueltas de campana a El Sueño de Arquímedes y a cualquiera que pueda estar relacionado. Dividen el contenido en multitud de secciones: Astrotema (el núcleo del programa, con un invitado normalmente astrofísico profesional), Astrovida (seriales radiofónicos sobre historias o personajes interesantes de la Astronomía), El Hombre y el Cosmos (sección en la que hablan de temas científicos no relacionados directamente con la Astrofísica), Astronoticias (los últimos descubrimientos), Astrocitas (calendario para los aficionados a la Astronomía), etc., etc., hasta el infinito. El programa está presentado por Emilio García y Pablo Santos, pero participan algunos otros personajes: Astrologuito (personaje en clave de humor que parodia a los gurús de las artes adivinatorias), El Astromático (presenta software relacionado con la Astrofísica fácilmente accesible para aficionados), El Reportero Urbanita (busca por las calles la opinión pública sobre temas de Astronomía) y El Capitán Kirk (también en clave de humor, el capitán de la Enterprise, ya jubilado, viaja junto a Chebwacca a donde Emilio y Pablo los manden). Ana Tamayo, que pilotaba los mandos técnicos de la nave hasta ahora, participa en esta temporada también pero de forma esporádica. Y da igual lo que haga. Lo importante es cómo lo hace. Porque tiene una voz sacada del capítulo de técnicas de relajación de un audiolibro de autoayuda.

Algunos datos de parte de El mismísimo Astromático: "A Través del Universo ha sido varias veces número uno en la categoría de podcasts de ciencia en la iTunes Music Store, y desde que llevamos las cuentas, ha habido más de 237000 descargas, con casi 8000 descargas del programa más descargado. "

Con todo esto me acabo de convencer a mí mismo de que tengo que escuchar este programa. Lo que pasa es que ya lo escucho, así que no sirve de nada. Si quieres escucharlo tú (si no un dinosaurio azul extraterrestre se comerá a toda tu familia), entra en la web (universo.iaa.es) y descárgate el último programa o todos los que quieras. Si pinchas en la sección "Escúchanos" descubrirás otras formas de escucharlo en directo y en diferido.

Además, existe un grupo de A Través del Universo en Facebook, por si quieres interaccionar con los oyentes del programa, que son todos unos frikazos que se dedican a hacer versiones y vídeos de una rumba cutrísima con la que la tripulación de la nave ha promocionado el comienzo de la cuarta temporada.

¡Que aproveche!

sábado 15 de marzo de 2008

Puedes hablar más rápido que tú mism@


El miércoles pasado fui a un "seminario especial" en el Goddard Institute for Space Studies, que es por donde paro estos días para ganarme el pan (aunque hay que remover cielo y tierra para encontrar una barra de pan en condiciones en Nueva York). El caso es un chico joven, inglés y elegante daba una charla que se titulaba algo así como "El Fondo Cósmico de Microondas y el Devenir del Tiempo".

Fue la charla más insustancial, incoherente y aburrida de toda la costa este ese día, porque el pavo se dedicó a hacer una revisión histórica del conocimiento de la radiación de fondo. Al final lo arregló un poco callándose la boca y poniendo un documental sobre viajes en el tiempo, pero de eso quiero hablar en otra ocasión. Durante el muermazo de sermón académico, yo me dediqué a pensar en el hecho de que el conferenciante hablaba a una velocidad imposible. Este superpoder que desplegaba este chico hacía que me costase horrores entender lo que estaba diciendo, pero la contrapartida positiva es que me dio por pensar en lo siguiente: ¿Existe un límite para la velocidad a la que una persona puede hablar? Quiero decir, alguna razón física por la que no se puedan emitir pas de "chopecientos" fonemas por minuto. Desde luego , uno puede mover la boca todo lo rápido que quiera, incluso entrenarse en ello, si es lo suficientemente imbécil. Pero ¿esos movimientos de boca se traducirían en sonidos medibles por un detector de ondas de presión ideal? Pensemos: cada fonema se codifica en un fragmento de paquete de ondas, con un cierto espectro, y ese paquete viaja a la velocidad del sonido en un medio, teniendo cada una de las ondas de presión del paquete un cierto periodo. Si hablamos más rápido, lo que hacemos es acortar la duración del paquete de ondas correspondiente a cada fonema, vamos , aumentar la velocidad de muestreo de emisión, pero sin cambiar el espectro de cada uno. En concreto, sin cambiar la frecuencia de la ondas, por lo que los periodos de todas ellas siguen siendo los mismos. Pues ahí está la respuesta: si la duración de un fonema es menor que el periodo de cualquiera de los armónicos de su espectro, no llega a completarse un ciclo entero de esa onda. Digamos que la onda cambia su frecuencia varias veces en las fases intermedias entre un máximo y otro. Como los detectores de ondas de presión (como el oído) funcionan recibiendo los golpes de las ondas cada vez que completan un ciclo, ningún detector sería capaz de registrar toda la información contenida en un solo periodo, y se perdería parte de la frase. Pero no sólo es una cuestión instrumental. Es que realmente la onda no contendría toda la información necesaria para decodificar el mensaje. Aunque pudiéramos ver una película de los átomos mientras se mueven, e identificar los distintos tramos de velocidad, no podríamos saber la frecuencia, porque cada fonema puede ser emitido a una intensidad distinta, y por tanto cada tramo de velocidad del movimiento de un átomo puede tener una amplitud diferente, que no conocemos. Por tanto, no podríamos calcular la frecuencia correspondiente a cada tramo. Conclusión: la información se pierde si hablamos a una frecuencia de muestreo de emisión mayor que la frecuencia tonal del sonido que emitimos.

De todas formas, y por si alguien está muy apenado por no poder hablar todo lo rápido que quisiera, es evidente que si el límite a la frecuencia de muestreo de emisión es la frecuencia tonal, lo único que hay que hacer para subir hasta el infinito la primera, es subir hasta el infinito la segunda. Vamos, que hablando más agudo, se puede hablar más rápido. Claro, que esto también tiene una limitación (humana esta vez). Y es que el límite de audición de un oído sano y joven es de unos 20KHz, así que no podrían entendernos si dijéramos más de 20000 vocales o consonantes por segundo. ¿Rayito rebasa ese límite tocando la guitarra? Si a Rayito le llegase el mástil más arriba, ¿seríamos capaces de advertir que en realidad toca aún más rápido de lo que parece? En cualquier caso las limitaciones de percepción son fácilmente resolubles sin más que construir un receptor de respuesta dinámica ultrarrápida, y luego hacer una traducción a frecuencias audibles. Algo así como los radiotelescopios y los mapas de radio en falso color que se usan en Astronomía. Y sí, yo creo que Rayito toca más rápido de lo que lo escuchamos. Basta con mirarle las manos, y darse cuenta de que hace más pulsaciones de las que oímos. También me di cuenta en el seminario de que el gentelman movía los labios más rápido de lo que yo escuchaba sus sonidos. La vista es un buen chivato de que alguien está hablando más rápido de lo humanamente entendible, a no ser que la persona hable más rápido que la luz, pero esto lo dejamos para otro análisis.

Por cierto, que toda esta reflexión inútil explica el hecho de que los grabadores digitales de sonido suelan usar como frecuencia de muestreo 44100Hz. Nunca vamos a necesitar una velocidad de muestreo de lectura mayor, porque las frecuencias de los sonidos grabados siempre van a estar por debajo de 20KHz (¿quién quiere grabar discos para gatos?). La frecuencia de muestreo del sonido emitido nunca va a estar por encima de la frecuencia tonal, como hemos visto, así que la frecuencia de muestreo de lectura tampoco tiene por qué estarlo. Se elige una que es doble por dar un cierto margen para así definir bien las transiciones de unos fonemas a otros.

miércoles 12 de marzo de 2008

Cateto en Nueva York (es lo que quiso decir el pobre de Federico)

Ya llevo 10 días instalado en el barrio de Harlem, trabajando en el instituto GISS en el 2880 de Broadway, y me he recorrido Manhattan de punta a punta, incluso andando. Como además he visto muchas películas de Woody Allen (no más que Juan Montero Flash Fingers) y otras tantas que ocurren en Nueva York, pues me veo con licencia, y con la suficiente desgana por el trabajo, como para decir algo sobre esta ciudad.

Efectivamente, es enorme. Es ancha, es alta y hay una cosa a la que prestar atención cada 20 metros. A mí me parece que la razón del encanto de este sitio es que no está concebido como una ciudad, sino que un conjunto de infinitos micronúcleos urbanos con fuertes identidades y bien diferenciados, se han visto englobados dentro de ese cosa grande que es Nueva York. Estos núcleos han conservado su personalidad, y ahora pasear por Nueva York es como recorrer todos los pueblos de España contenidos en una región que se puede abarcar a pie. Sólo la isla de Manhattan tiene más de 40 barrios. Y me refiero a barrios como El Zaidín o La Chana, no como el barrio de Las Luces (que por cierto, no existe) o el barrio de Triana. Aunque Manhattan es la parte más famosa de Nueva York, también es el distrito más pequeño. A esta monstruosidad hay que sumarle el Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island. El par de mapas que he añadido me han sevido para aclararme un poco la geografía de este sitio.

En Manhattan, la estructura de calles parece pensada para el turista. Las avenidas se extienden de sur a norte (la dirección del eje más largo de la isla) y las calles en la dirección perpendicular. Y como este país, por mucho que se empeñen, no tiene historia, pues las calles no tienen nombres de generales ni de folclóricas, sino que se designan por números, como todos hemos visto alguna vez en alguna película ("... a todas las unidades: hay un 447 en la sexta con la 112"). Los números de las avenidas crecen de este a oeste y los de las calles de sur a norte, así que es imposible perderse. Una dirección en Manhattan equivale a las coordenadas de un punto en un plano. Aunque seguro que habrá algún lumbreras en el gremio turista capaz de perderse en Manhattan y hasta en el cuarto de baño.

La ciudad, a excepción del Bronx, es completamente segura. Se puede, y se debe, pasear a las cuatro de la mañana por cualquier calle oscura con un medallón de oro y un traje hecho de billetes de 100 dólores, vocifeando por un megáfono la consigna "soy un pardi". Según me han contado, después del 11S, el anterior alcalde de Nueva York, que se llama Rudy Giuliani se empeñó en la cuestión de la seguridad ciudadana, y el alcalde nuevo, que se llama Michael Bloomber (esto es una vacilada para que se vea que leo el New York Times), ha seguido con la misma filosofía. Lo normal es ver un coche de policía cada 5 minutos en cualquier paseo nocturno por cualquier calle. Y en lo que antes eran barrios conflictivos hay unos intercomunicadores gratuitos en mitad de la calle con 2 botones enormes, uno para hablar con la policía y otro para los bomberos. Algo así como los puestos de socorro de las autovías en España.

Además, en Nueva York es difícil decir cuando es de noche. Las luces de Time Square y de toda la zona sur producen una mañana artificial, y la mitad del calentamiento global. Se puede encontrar cualquier negocio abierto a las 4 de la mañana, pero cualquiera no es sólo una zapatería. Quiero decir un restaurante albanés. El metro funciona toda la noche, y hay más gente en la Quinta Avenida a las 5 de la mañana que a las 12 del mediodía en la Gran Vía de Granada.

Y aquí me quedo, que me pagan por trabajar, no por hacer de agencia de publicidad. Aunque bien pensado yo no he trabajado en los días de mi vida.