ensar un poco de todo pero no demasiado de nada es una postura muy humanista, y está de moda. Hay quien dice que nuestro mundo ha llegado hasta donde está (hablando sólo de lo bueno: robots, 1080p, aceite para masajes, ...), gracias a la especialización y al pensamiento profundo. Pues no lo creo. Sí es cierto que el grueso de los productores de bienes desde la revolución industrial han sido peones muy especializados, pero detrás de cada grupo de ellos ha habido un pensador humanista, alguien que sabía un poco de todo y que no estaba dispuesto a encallecerse las manos, dejarse la vista o doblarse la espalda para poner sus ideas en marcha. Hemos avanzado gracias a un sistema de microceldas de producción con jerarquía piramidal.La gente que más me gusta de la historia pertenece a la tribu de los humanistas. Groucho, por ejemplo, no hacía humor, hacía macedonias de lo que había leído en las últimas semanas. Era un lector quijotesco, así que para él hacer una broma ocurrente consistía simplemente en dar un agradable paseo sobre el vasto campo de sus últimas adquisiciones mentales. Luego echaba a la cesta las frutas que más le gustaban, y la carcajada estaba asegurada. Groucho no enunció la Relatividad General. Albert Einstein, sí. Albert Einstein era un soso incapaz de hacer reír a un mandril. En Andalucía somos muy de pensamiento lateral, de ahí los chistes. Como consecuencia, no somos muy dados al pensamiento profundo, de ahí el número de andaluces ganadores de la Medalla Fields de Matemáticas.
El caso es que ha ocurrido un cambio a escala global en ese sentido. Se puede decir, por tanto, que los andaluces nos hemos adelantado. Con tanta distracción y web 2.0, ahora todo el mundo piensa un poco en todo y nadie se esfuerza demasiado en nada. Los políticos ya no pueden manejar a la masa y la asamblea es lo más. Todos nos hemos hecho jefes, todos nos hacemos oír. Pero eso sí, si se trata de hacer algo complicado, como leer el manual de un aparato antes de llamar con indignación al servicio técnico y poner un tweet con el hashtag #acampadamirouternofunciona, ninguno está dispuesto . ¿Ninguno? No, en una pequeña aldea gala, sobrevive un grupo irreductible de pensadores sin vida social que trabajan 15 horas al día y se exprimen los sesos para que los demás puedan sobrevivir con un cerebro adormecido: LOS PROGRAMADORES. Tengo amigos que tardarían toda una tarde en hacerse una cuenta de PayPal o programar una transferencia automática en la web de su banco. Y no son tontos, son vagos cerebrales. Lo son porque el entorno les ha permitido que lo sean y a ellos les ha parecido bien. Se refugian en trincheras argumentales como "eso es para frikis" o "¿me lo podrías hacer tú? estoy muy liado". Y mientras tanto, los programadores que crean las aplicaciones web que a ellos les hacen la vida más fácil y más ágil, tienen que seguir simplificándoles las tareas hasta el límite del one click. Ése es el motivo del éxito de Apple. Han hecho un móvil con un sólo botón con el que se puede configurar una cuenta de correo IMAP y jugar a Angry Birds.
Llegados a este momento, resulta que le hemos dado la vuelta a las células de producción, y ahora unos cuantos peones incansables hacen el trabajo demandado por una horda de pseudolíderes vociferantes aletargados. ¡Pero cuidado! ¿Qué ocurrirá si el populacho burgués sigue dejando las tareas de elaboración de herramientas a la élite campesina? Que Google dominará el mundo (después de fagocitar a Apple). Finalmente, los programadores morirán exhaustos, y su obra quedará inconclusa. Los jefes de proyecto irán a sus ordenadores para intentar continuar con el trabajo, pero durante los primeros mil años tan sólo conseguirán acceder al SDK. El mundo quedará entonces sumido en tinieblas, una bruma de estancamiento tecnológico que cubrirá de herrumbre los engranajes de nuestro sistema de producción, una Edad Media post-contemporánea. Transcurridos 5000 años, la humanidad habrá borrado su bagaje cultural (incluyendo a Love of Lesbian), ya que el campo magnético terrestre y los rayos cósmicos habrán alterado los discos ópticos. Las memorias flash se habrán usado durante siglos como calzadores para mesas que cojean. Entonces surgirá un mesías, uno que se alzará sobre una de esas malditas mesas bien calzadas y predicará un mensaje apocalíptico. Al principio todos dirán "Oh, capitán, mi capitán". Pero pasado un tiempo, sólo por llevar la contraria, algunos empezarán a tirar tomates y piedras desde lo más alto de una torre inclinada. Y de ahí a la siguiente extinción de los programadores os podéis imaginar que sólo hay un paso, y ya lo hemos vivido. ¿Es éste el primer ciclo de nuestra historia?
Vuelvo al Python.

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